Víctor.

Mi nombre es Víctor, y soy ludópata. Me ha costado mucho darme cuenta, me ha costado mucho admitirlo, pero es así, soy ludópata y lo seré toda la vida.

 

Me han pedido que os hable de mis inicios en el juego, y realmente no sé cuándo fueron mis primeros inicios; en mi familia el juego no es algo que sea habitual; de vez en cuando jugábamos a las cartas, pero ocasionalmente. Recuerdo que desde pequeño jugaba al futbol todas las semanas y me gustaba echar una quiniela con mi padre; recuerdo también que me escapaba a los antiguos salones de juego para jugar a las consolas; algunas de esas veces me escapaba del colegio o iba a pasar toda la tarde jugando, dando excusas a mis padres…

 

Esos fueron mis inicios como jugador “social”; durante muchos años la vida transcurrió en condiciones similares: jugaba mi quiniela todas las semanas, mis interminables partidas de mus o de julepe con los amigos, o de videojuegos; en ocasiones, podía estar toda una noche haciéndolo, e incluso hacerlo durante varios días seguidos… En esos momentos hacer todo eso no suponía ningún problema, mis notas eran buenas y, aunque tenía momentos puntuales de enganchones largos de tiempo jugando, era capaz de que, cuando tenía que ser responsable, serlo y dejar el juego y centrarme en mis deberes, que en esa época no eran más que estudiar.

 

Mi primer contacto con las apuestas vino con 19 años en la universidad, allá por 1998. A mi siempre me han encantado los deportes, desde pequeño podía pasar horas y horas viendo y practicando cualquier deporte, daba igual que fuera futbol, baloncesto, tenis, motociclismo,… Seguía todos los deportes, y creía que sabía mucho de ellos, por lo que junto con un amigo decidimos abrir una cuenta en una casa de apuestas (La extinta Ladbrokes) y empezar a apostar pequeñas cantidades a deportes que creíamos que conocíamos de sobra porque llevábamos años viéndolo y conocíamos a todos los equipos, los jugadores,…

 

La verdad es que no recuerdo la cantidad que en ese momento apostamos; por entonces yo ya trabajaba a la vez que estudiaba, por lo que mi economía no dependía de lo que me daban mis padres; ya tenía yo el dinero suficiente para poder hacerlo por mis propios medios. Tampoco recuerdo exactamente cuánto tiempo duramos apostando, no creo que fueran más de 5 meses, en los que en ocasiones ganábamos, pero mayormente perdíamos pequeñas cantidades, y así estuvimos hasta que al final decidimos que hacer apuestas para perder dinero no era lo que queríamos y lo dejamos.

 

Durante muchos años dejé las apuestas; seguía con mis quinielas, con las cartas, con la consola, y viendo todos los deportes imaginables, pero no apostaba.

 

Mi vida entonces era plena; tenía un buen trabajo, era feliz con mis amigos, me llevaba genial con mi familia, tenía una novia de la que estaba muy enamorado, tenía el dinero suficiente para poder hacer todo lo que quería (viajaba, me iba de vacaciones, salía de fiesta y de cenas, me compraba la ropa que quería, la moto y el coche que me gustaba, …)

 

Mi vida era normal hasta que en 2010, con 30 años, la relación con mi novia se acabó; de repente me sentí muy solo, muy triste, sentía que tenía mucho tiempo libre que no sabía cómo ocupar, así que un día que vi un anuncio de una casa de apuestas en el que promocionaban que si ingresaba 100 € me daban otros 100 €, así que decidí ingresarlo, y así por lo menos tratar de pasar el tiempo que por entonces no sabía cómo llenar.

 

De esos primeros meses tengo una nebulosa muy grande, no recuerdo exactamente si ganaba mucho o poco; sí recuerdo que ganaba dinero, pero no recuerdo las cantidades. Sí que recuerdo perfectamente que por lo menos una vez a la semana, hablaba con mis amigos de lo maravilloso que era el mundo de las apuestas, que me lo pasaba muy bien apostando, que estaba muy entretenido, y que ganaba dinero: qué más podía pedir…. También recuerdo que cada vez que hablaba con los amigos, les decía que había descubierto un método de ganar dinero, que lo había probado y que era un chollo, para a los 15 días decirles que había dejado ese método y que había descubierto otro diferente y que éste sí que era el bueno, para decir lo mismo al mes siguiente.

 

Con el paso del tiempo, lo que al principio era solo un pasatiempo para “quemar” el tiempo que no sabía cómo utilizar, un medio para superar la ruptura con mi novia que tanto daño me había hecho, se fue convirtiendo cada vez en más y más tiempo invertido en ese mundo. La verdad es que las apuestas me atraparon, tenían algo que me encantaba; suponía todo un desafío mental para mí, y encima relacionado con algo que me apasionaba como era el deporte. Anteriormente por la carrera que estudiaba y por el trabajo de tenía había tenido contacto con la inversión en bolsa, y había estudiado sobre ese mundo, y me encantaba saber cada vez más y más cosas, pero al desarrollarse sobre factores que son casi imposibles de llegar a conocer plenamente, lo tuve que dejar porque no conseguía los rendimientos que buscaba.

 

Eso no pasaba con las apuestas, la información sobre una baja en un equipo, la podía conocer con certeza, y sabía qué es lo que iba a pasar con la cuota de ese equipo en el momento en el que todo el mundo lo supiera; podía tener acceso a una información instantánea y podía aplicar todos los conocimientos que tenía en poder sacar el rendimiento que buscaba.

Rápidamente me puse a investigar sobre todo el mundo de las apuestas; cómo funcionaban las casas de apuestas, cómo hacía para poner una cuota u otra a un acontecimiento, a ponerme en contacto con apostadores profesionales, a hacer cursos de apuestas y sobre todo a leer, y a conocer en profundidad cómo funcionaba todo ese mundo.

 

Toda esa investigación me llevó los siguientes años; ese hobbie, fue ganando más y más espacio en mi vida; además funcionaba, todos los meses conseguía unos beneficios que en ocasiones superaban con creces los rendimientos que tenía de mi propio trabajo, con la diferencia de que para ganar lo mismo en el trabajo dedicaba 8-10 horas y con las apuestas conseguía lo mismo pero solo en 2 o 3 horas…

 

Llegué a creer que yo ya lo sabía todo sobre las apuestas; me convertí en tipster profesional (daba pronósticos a la gente sobre qué debía o no apostar) ganaba mucho dinero, me seguía muchísima gente en Twitter; tenía muchísimos amigos on-line con los que intercambiaba opiniones y compartíamos nuestra apuestas para así poder rentabilizar más aún nuestro dinero.

 

Los 3 siguientes años transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos; mi vida era solo trabajar (donde también apostaba) y desear llegar a casa para ponerme delante del ordenador y de la televisión para poder apostar. Sin darme cuenta me estaba quedando cada vez más solo, a pesar de trabajar de turno de mañana, y tener todo el tiempo del mundo, a pesar de contarle a mis amigos y a mi familia que ganaba dinero, y presumir de mis ganancias ante ellos, cada vez hacía menos cosas. Tenía mucho más dinero que cuando era joven, pero no era capaz de poder hacer nada porque cualquier cosa que hacía interfería con mi única prioridad, apostar. Si me iba de vacaciones y estaba en la playa me llevaba el móvil y la tablet y me pasaba las horas a la sombra apostando mientras mis amigos de divertían. Si salía de fiesta, estaba deseando salir a fumarme un cigarro a la calle para así poder quedarme solo y poder mirar en el móvil qué se estaba jugando para poder apostar. Si quedaba para comer con mi familia o mis amigos estaba deseando que se pusieran a hablar entre ellos mientras yo sacaba el móvil para ver lo que podía apostar…

 

Así fue mi vida hasta 2012, cuando por motivos laborales, me tuve que desplazar a un pueblo perdido en medio de la nada de Lérida. Si ya antes, teniendo amigos, a mi familia,  y un entorno conocido pasaba mucho tiempo con las apuestas, cuando me ví allí yo solo, sin amigos, sin ganas de conocer nueva gente, en un entorno que no me ayudaba (todo el mundo hablaba catalán y yo no) lo que eran 4-5 horas al día dedicados a las apuestas se acabaron convirtiendo en fines de semana completos dedicados a apostar, en noches en las que ni dormía para poder seguir los acontecimientos que había en EEUU, en no salir de casa en días,…

 

Por entonces todavía conseguía sacar bastante dinero mes a mes, con la ambición de poder conseguir lo suficiente como para poder jubilarme y así dejar ese sitio que no me gustaba y un trabajo que cada vez odiaba más. Ese “ganar dinero” hacía que cualquier sacrificio que hiciera “tuviera sentido”; al final quién me iba a poder decir que yo tenía un problema si yo no lo veía así y además estaba consiguiendo ganar dinero todos los meses… (Ahora, en perspectiva, me doy cuenta de que era un ludópata de tomo y lomo, pero no lo reconocía a pesar de que cada vez más gente de mi entorno que me conocía decía que algo me pasaba, que no era normal lo que hacía).

 

Así llegamos hasta el año 2013 momento en el que mi empresa me permite poder acogerme a un ERE en muy buenas condiciones (con un despido muy suculento) y para mí fue blanco y en botella: “para qué iba a trabajar en algo que no me gustaba, lejos de mi ciudad, de mis amigos, de mi familia, de mi casa… si llevaba ya años ganando lo mismo o más mes a mes con las apuestas”.

 

Así que, con todas esas ideas en mi cabeza decidí dejar mi trabajo y dedicarme de manera profesional a las apuestas, que para algo llevaba años de estudio; era el momento de poder dedicarme en cuerpo y alma a ello. Ese fue el principio del fin.

 

Si al principio eran solo unas horas al día las que dedicaba a las apuestas, posteriormente pasaron a ser muchas más horas dedicadas a las apuestas; a partir de entonces, teniendo las 24 horas del día libres para poder dedicarme a ello, dediqué jornadas interminables de horas de “trabajo”. Sin darme cuenta pasé de ser “esclavo” de un trabajo a ser “esclavo de una adicción”.

 

Los primeros meses fueron muy malos; todo lo que durante mucho tiempo me había funcionado parecía que ahora no funcionaba; pero me consolaba diciéndome que era solo una mala racha; yo “sabía” cómo tenía que hacerlo y estaba seguro de que con el tiempo volvería a ganar de nuevo dinero; pero no, no fue así; la “mala racha” duró eternamente; bien es cierto que había momentos en los que conseguía volver a tener buenos resultados durante varios días continuados, pero esos resultados los tiraba por la borda con solo una mala hora: lo que generaba en semanas de trabajo, era capaz de tirarlo por la borda en cuestión de minutos…

 

Sin saber cómo, en poco más de 8 meses todas las ganancias y todo el dinero que tenía en mi cuenta ahorrado y que había obtenido por mi despido, desapareció sin casi ni darme cuenta, o mejor dicho, sí me daba cuenta, pero negaba la realidad. Durante esa temporada apenas dormía; no iba a comprar lo más básico; apenas comía; no quedaba casi con nadie, a veces por vergüenza, pero la gran mayoría de las ocasiones por que “mi droga, mi mundo paralelo” me atraía más que hacer las cosas que cualquier persona normal haría. Mi deterioro físico (llegué a perder más de 15 kilos) y mental (no era capaz de tener la mente tranquila, en paz) fue brutal, hasta el punto de plantearme ideas como el suicidio, o desaparecer sin dejar rastro…

 

Pero la cosa todavía iba a ir a peor; no contento con haber perdido todo lo que había conseguido con mucho esfuerzo en tan poco tiempo, mi mente todavía seguía engañándome y diciéndome que todavía podía recuperarme, que podía volver otra vez a recuperar lo perdido. Eso me llevó a empezar a pedir créditos a cualquier entidad dispuesta a darme dinero para poder seguir “alimentando al monstruo”. Una persona con muchos conocimiento bancarios (yo trabajaba en un banco) empezó a solicitar préstamos con unos tipos de interés desorbitados, hasta del 2799% TAE.

 

Ante todo esto que estaba sucediendo, al final pasó lo que ojalá hubiera pasado antes. Mis amigos en bloque decidieron que tenían que hacer algo, que tenían que hablar con mi familia, que todo lo que estaba sucediendo no era normal, que no era la persona que habían conocido durante tantos años; era un mentiroso compulsivo; a todos les había engañado pues les había pedido favores para que me dejasen dinero inventándome las excusas más inverosímiles que se puedan imaginar… Así un día se plantaron en mi casa y me empezaron a solicitar explicaciones.

 

En un principio, tal y como hacemos todos, negamos que tengamos un problema, negamos la ayuda que nos están prestando la gente que más nos quiere; pero finalmente claudiqué y me derrumbé; decidí contar lo que estaba sucediendo, todas las deudas que tenía, lo mal que me encontraba, pedir ayuda porque a mí todo lo que estaba pasando ya me había superado hacía mucho tiempo.

Mi familia decidió que tenía que solicitar ayuda profesional; fue a una psicóloga que me ayudó mucho a tratar de recuperar mi autoestima, que en esos momentos estaba por los suelos, pero no sabía (por desconocimiento) cómo me podía ayudar con el tema del juego, así que después de mucho buscar al final acabamos encontrando una asociación de jugadores en rehabilitación, en la que me apunté y donde comencé a acudir.

 

Durante meses dejé de jugar; poco a poco me fui recuperando mentalmente, tratando de volver a una vida medianamente ordenada, buscar trabajo, hacer actividades,… Pero “el monstruo” seguía al acecho, esperando a que yo me recuperase; con el tiempo acabé volviendo a jugar, esperando que si lo hacía de una manera más meditada, más tranquila, sin tanta ambición podría seguir jugando.

 

Evidentemente eso nunca pasa, no entendía que el que tiene esta enfermedad la tiene de por vida, que no hay medias tintas, que bajo ningún concepto se puede volver a tener cualquier tipo de contacto con el juego de azar.

 

En poco más de 8 meses que duró esta fase mis deudas volvieron otra vez de nuevo a aumentar; si ya era gordo el agujero que había causado ahora era aún mucho mayor. Toda la confianza que habían depositado mis padres en mi recuperación se vino abajo, provocándoles unos miedos y una inseguridad de la que a día de hoy todavía no se han recuperado y posiblemente tarden mucho tiempo en hacerlo.

 

El día que “me pillaron” esta vez decidí que esta vez sí tenía que ser la definitiva, que bajo ningún concepto podía seguir por el camino que iba, que basta ya de que una adicción pueda más que yo.

 

Desde entonces, y aunque sea muy lentamente, voy recuperando cada vez más mi vida; mis deudas son muchas y muy altas, y voy a tardar muchos años en poder pagarlas; pero ahora ya el dinero no es lo más importante para mí; en mi fase de adicción yo me veía como un “yonki” del dinero; daba igual cuánto tuviera, siempre quería más, nunca era suficiente, y total, para qué. ¿Para que los números fueran mayores? porque ni siquiera lo disfrutaba.

 

Ahora hay muchas cosas que no puedo hacer porque mi economía no me lo permite, pero hay algo que tengo que no tenía antes, que es paz interior; ya no tengo porqué mentir, ya no tengo porqué ocultarme; puedo mirar a la gente a la cara y no sentirme inferior.

 

Esta fase de recuperación está siendo mucho más placentera que lo que mi cabeza nunca imaginó; nunca pensé que una adicción iba a deteriorar tanto mi vida, y que el dejarla me iba a producir tanto bienestar interior.

Testimonio de un enfermo.