Tras haber superado mi adicción al juego, he recaído por las apuestas deportivas.

Tengo 45 años y mi hermana controla mis gastos. Cuando voy al trabajo, salgo de casa con cinco euros. Y tengo que justificar ante ella cada céntimo que gasto. Es un ejemplo más -y no el más grave- de cómo mi día a día, desde los 18 años, ha estado marcado por mi adicción al juego.

 

Hubo un tiempo en que las cosas se enderezaron. Después de varios años gastando mi dinero en tragaperras, bingos y casinos, después de una lucha sin cuartel contra mí mismo, logré superar mi adicción.

 

Pero todos los días, de camino al trabajo, pasaba por la puerta de los locales de apuestas deportivas que han proliferado en nuestras ciudades. Un día se me ocurrió apostar un euro y ese euro me devolvió al barro.

 

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